Skip navigation

611815269_1534d87da6

Las campanas 

Llego al pueblo respondiendo a un anuncio de trabajo, estaba cansada y tenía mucho sueño eran las seis de la tarde de un nubloso día de enero. Le sorprendió la tranquilidad que se respiraba pero más le sorprendió no ver a nadie por la calle, aunque era invierno en los pueblos costeros casi siempre hay gente por todas partes.

Justo a medio bajar la cuesta que conducía al muelle el coche se paro, cosa tremendamente rara si tenemos en cuenta que ella no pisaba el freno, pero el coche se negaba a moverse, se bajo  y miro a su alrededor, no había nadie que pudiera ayudarla pero no fue eso lo que mas la inquieto sino el hecho de que no se oía nada…nada, ni siquiera el mar que estaba a unos veinte metros a su derecha. Escucho atentamente intentando captar sonidos, una televisión, una voz, tintinear de vasos…algo.

 

Pensó en no ser tan aprensiva y buscar ayuda, en alguna parte tenía que haber un bar, tiendas o un centro policial. Empezó a sentirse mal cuando vio que todas las casas de la calle estaban tapiadas, y también las ventanas, debía haberse equivocado en el cruce anterior decididamente este era un pueblo abandonado.

 

De pronto sonaron las campanas de la iglesia y al mismo tiempo se apagaron las luces de toda la calle…muy asustada corrió hacia el coche pero no podía encontrarlo ¡no estaba!

 

Entonces oyó otro sonido y deseo que todo fuera silencioso como antes, era un alarido casi infrahumano, un grito de mujer…aterrador. No estaba sola después de todo; alguien gritaba como si le estuvieran arrancando la piel como si… ¡El dolor! El dolor la aferro, recorrió todo su cuerpo y se desmayo.

 

Cuando despertó el dolor era insoportable y casi no veía, poco a poco se le aclaro la mente, seguía escuchando las campanas pero de una manera muy lejana, ya no oía el grito de mujer, ahora solo oía lamentos y gemidos, se sentía “como flotando” pero no podía moverse…entonces se despejo por completo y comprendió…se salto el cruce, el grito que oyó fue su propio grito y no podía oír el mar porque estaba dentro de el; Con todo su cuerpo roto no podía salir, se estaba ahogando, seria parte de la nada de aquel pueblo que nunca llegaría a ver…solo pudo oír las campanas de la iglesia, que parecían tocar a muerto.

 

Relato cedido a Tejiendo el Mundo por Nieves (Derechos reservados por la autora)  http://cid-1a2bedbf724c2a55.spaces.live.com

 

 

MAS RELATOS DE TERROR DE TEJIENDO EL MUNDO

 

 

  • maria elena gothika

    impresionante muy bueno me enfrio la espalda

  • Pepi Núñez

    Entre el frío que tengo y tu relato me has dejado helada, si es que no me explico que hago yo por aquí. Buen relato, me gustó. Besitos.