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Leyenda urbana

-No sé si realmente pasó, no quiero pensar en ello, cuando no se piensa en algo, ese algo no existe, desaparece, muere… No quiero pensar en ello, sin embargo, no puedo evitarlo..

Al abrir los ojos esa mañana no sabía si había sido un sueño, un horrible sueño, o en verdad había sucedido. Si fue un sueño, ¿por qué tengo estas heridas?; si pasó en verdad, ¿cómo llegué a mi cama? Las leyendas urbanas nunca las he creído, nunca me han inmutado. No sé qué pensar, no quiero pensar…

La casa era enorme, la madreselva la cubría casi en su totalidad, decenas de ventanas con cortinas negras parecían mirarte como miran los ojos vacíos. Había jardines grandísimos con docenas de árboles, altos y de follaje tan espeso que el sol no lo atravesaba; todo en esa casa era lúgubre  y frío.

Atravesé los jardines, sin prisa, observando los estanques y fuentes cubiertos de lirio acuático; no sentía miedo, no había razón para sentirlo, (o eso creí). Llegué a la puerta principal que estaba abierta, escuché una música, ligera y muy tenue, la seguí atravesando el salón principal, subí y bajé tantas escaleras que ya no sabía si estaba arriba o abajo, demasiadas habitaciones, demasiadas puertas, salones enormes… En otros tiempos debió ser una mansión muy lujosa con sus pisos de mármol y retoques en madera, con candelabros gigantescos iluminando cada salón, con muebles de época y sirvientes todos vestidos impecablemente… Ahora todo estaba lleno de polvo, moho y ratas. ¿Quién querría vivir ahí? ¿Quién soportaría ese olor? ¿Olor? Sí, como de sangre, como de muerto…

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“Cientos de cadáveres apilados junto a las jaulas donde están las próximas víctimas, sólo unos pocos han salido de ahí con vida, pero están dementes: se creen felices después de haber estado en ese lugar y vivido aquel horror.” Relatos de la casa última de la calle. Nunca los creí.

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La música cada vez se escuchaba más cerca, al igual que el olor se intensificaba. Un impulso me obligaba a continuar, a abrir cada puerta, revisar cada habitación, las cocinas, bibliotecas, todo hasta encontrar…

La última puerta, desvencijada y oculta al fondo de un corredor larguísimo, era la adecuada. Despacio la abrí. No hizo ruido. Bajé las escaleras, que no crujían como pensé. Todo era silencio, y como si flotara, no hacía el menor ruido, sólo la música, y el hedor. Llegué abajo y lo vi…

Un sótano tan grande como la casa misma, el piso lleno de sangre seca, una alfombra gruesa de sangre seca; lamentos de personas en agonía eran la música que escuchaba, distorsionadas por el eco; cadáveres de hombres y mujeres, cientos o tal vez miles, provocaban el hedor. En los rostros de todos ellos podía verse que sufrieron lo indecible, con heridas por todo el cuerpo, otros en  realidad estaban mutilados y sus miembros faltantes apilados también: brazos, piernas, dedos, todo en otra pila tan enorme como la primera. Del lado opuesto había jaulas, incontables jaulas con personas dentro. Sufrían, pero ninguna de las jaulas tenía cerrojo o candado alguno. Sin embargo no huían. ¿Por qué? Algunos se herían a sí mismos, con uñas y dientes o golpeándose contra la reja. Otros, en su delirio creían que alguien más era quien los hería; algunos se aislaban haciéndose un ovillo, curiosamente eran los que tenían las jaulas más grandes, y en contraste había jaulas muy pequeñas en las que evidentemente estaban quienes sentían claustrofobia.

Noté que todos sufrían por decisión propia: todos podían salir y ninguno lo hacía.

Al fondo del sótano, enormes estantes con frascos llenos de formol, cada uno contenía algo; algo que ya había notado les faltaba a todos los cadáveres y que indudablemente los enjaulados perderían en cierto momento. Miles de corazones en los frascos de formol. Todo aquello era una verdadera carnicería. Miles de frascos, cadáveres, víctimas… ¡Una locura..!

Al centro, todo instrumento utilizado en aquel horror sangriento: tenazas, pinzas, sierras manuales, cuchillos, tijeras, de todo: instrumentos quirúrgicos y rudimentarios; para matar de golpe y poco a poco, alambre de púas, cables con corriente, que aún tenían carne quemada adherida debido a la descarga. Había también un caldero enorme de cobre, donde se estaba hirviendo carne en un asqueroso caldo de sangre y agua, y a un lado una mesa puesta para un servicio: un plato para sopa, un plato plano, una copa alta, un juego de cubiertos para carne y postre. Todo listo para servir lo que se guisaba en el caldero de cobre.

Quise salir de ahí, correr y huir de esa carnicería humana, el olor de la sangre el olor de la carne putrefacta, de los desechos de los enjaulados, el formol… Era nauseabundo; sentí vértigo y caí, me arrastré por el piso, sobre la alfombra de sangre seca. Tenía la vista nublada, no podía incorporarme, boca abajo en el piso y con la fuerza agotada lo ví, entre sombras distinguí su figura, borrosa; se acercó a mí, escuché su risa hueca.

Sentí sus manos grotescas levantarme en vilo. Supe que era inhumanamente fuerte. Su cuerpo bofo y amorfo tenía movimientos torpes, su respiración calentaba el lugar y su aliento era tan fétido como todos los olores de ahí juntos. Sus ojos rojos, brillaban en ese enmohecido y oscuro sótano. Fueron lo último que distinguí antes de que me arrojara a una jaula pequeña. Se rió por segunda vez y se alejo.

El ruido me hizo despertar. El olor de todo aquello irritaba mis ojos y garganta, sentí que me desmayaría de nuevo. Escuché cómo arrastraba un cadáver, luego, el ruido de cuchillos y sierras cortando carne y hueso. Nada. De nuevo ruido, ahora eran los instrumentos para cirugía, sacaría el corazón. En ese momento todo el lugar pareció contener la respiración: los lamentos cesaron, el puchero que hervía dejó de hacerlo, las ratas callaron su agudo chillar. Se oyó un gemido apagado y todo volvió a su horrenda armonía. Volví a desmayarme. Al Despertar lo escuché comer; supuse, el guiso que hervía cuando llegué, luego la carne recién cortada, tan sólo pensarlo me hizo vomitar. Quería morirme o poder escapar, pero no podía, “debía” seguir escuchando. Recordé que las jaulas no tenían ningún candado, y quizá donde yo estaba tampoco, pero no podía moverme. No quería…

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“Lo que hay en la casa es un ser que se mete en tu cabeza y busca entre tus deseos y miedos, toma la forma necesaria para seducirte, y que llegues a él. Para divertirse con tu dolor o devorarte desde adentro. Una vez que te elige, no puedes hacer nada, serás el próximo…” Ya no me parecían cuentos tontos. Sentí un nuevo mareo. Lo escuche venir hacia mí…

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Abrí los ojos y estaba en mi cama, el hedor de ese lugar aún estaba en mi nariz. ¿Fue un sueño? No quiero pensar en eso, tal vez con el tiempo lo olvide y crea que fue un sueño…  tal vez con el tiempo sea yo quien cuente la historia. No quiero mirar al final de la calle, no quiero ver esa última casa… Las heridas. No quiero mirarlas. Sólo ellas me harán dudar si pasó o no, si soy o no parte de esa leyenda urbana…

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Relato cedido a T.E.M por Drusi Venerea.

D.R. Copyright 2011

Nùmero de oficio 206/98.352  Cetificado de licitud de contenido 3469, Expediente 1/4 32 “11″/6222.

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ARCHIVO DE RELATOS DE T.E.M

  • mikel

    MUY BUENO EXELENTE NARRACION

  • gustavo shell

    Cada persona tiene ataduras, temores, limites, que le impiden buscar la felicidad, la plenitud, la paz, y viven sus miedos por siempre. El cuento a mí parecer es metaforico, representa situaciones que la humanidad no ha podido dejar de lado, convivir con el horror, el temor, las guerras, catastofres naturales, el hambre, la desigualdad social, la codicia, etc., representan la cotidianidad en muchas sociedades y nosotros las aceptamos al igual que el personaje del cuento, como un sino fatalista y muchas veces creyendo que es lo correcto.

  • SAMY

    esta padrisimo, la vdd escribes super bien!!!

  • SERGIO TERRON

    FUE CURIOSIDAD O MORBO, O MIEDO…
    SEGUI, AUN CUDNO LAS NAUSEAS ME TENIAN AL BORDE, CONTINUE
    LEYENDO HASTA EL FINAL
    ME CAUTIVO

  • luchok666

    muy buen relato te metes en el y hasta el final no paras

  • Paulako

    uffffffffffffffffff…. todavía me huele asssco, te felicito, me dio cosa leer, muy gore, muy hard core, y eso ke es corto jajajaja, muy buen relato, viva el terror!!!!

  • angelika

    ¡Qué casa mas bonita! Me recuerda un poco a la mía.

  • Jesus David

    HOLA AMIGOS,¿COMO PUEDE HACER UNO PARA ESCRIBIR UN RELATO PROPIO EN ESTA PAGINA?

    • http://tejiendoelmundo.wordpress.com Sinuhé

      Puedes enviarlo a tejiendoelmundo@hotmail.com

    • http://google roel

      cuti eres tu
      bueno no sabia leias estos tipos de cuentos xd

  • Medea

    No sé a que te dedicas, Drusi, pero si yo tubiera ese don me dedicaría por completo a escribir como tú lo haces… No es lo que escribes,ni sobre lo que escribes, sino como lo escribes! Tienes mucho estilo.
    Me ha encantado esta frase “decenas de ventanas con cortinas negras parecían mirarte como miran los ojos vacíos”.
    Felicidades por el relato, es genial.

  • http://avernolandia.wordpress.com Nieves

    Por el innombrable las cosas que leo por aqui…. El relato es magnifico!
    Ya no puedo quitarme de la nariz ese “olor” o sera que mi cueva huele igual jejejeje
    Con un poco de suerte soñaremos con la casa del final de la calle (que a mi me ha parecido un matadero, literalmente)
    Besos mil a Tejiendo y uno de lejos para Drusi…

  • fantomas

    Hola amigos,acabo de leer este cuento y les dire que para mi no es nada escalofriante ni terrorifico,ya habia leido antes cuentos muy similares y no me producen nada de espanto,ni pesadillas por las noches,solo son cuentos para asustar a la gente de mentes fragiles,a lo mejor si existen sicopatas asesinos que hacen algo parecido en la vida real,pero yo les haria lo mismo a ellos,bueno amigos ,no se asusten por estas historias,la vida real es mas escalofriante.

  • drusivenerea

    Sinu, Mil gracias por publicar mi “pequeño relato” (créeme, es de los más pequeños y menos sangrientos)La imagen que elegiste no pudo ser mejor.
    Aunque…por qué mi nombre y no Drusi Venenrea (mi nickname)???!!!!!!
    En fin, eso es lo de menos, Gracias!!!!
    Besitos

    • http://tejiendoelmundo.wordpress.com Sinuhé

      No me dijiste nada del Nick amiga, pero ya lo cambio. D´ont worry.

  • http://dragonerrante.wordpress.com dragonerrante

    Que angustia xd. Muy bien trasnsmitida, da la sensación de estar viendolo.

  • Warthog Flammarion

    Muy tétrico y muy desesperante.

    Atrapa realmente, habla la pérdida de la fortaleza y su voluntad.

    Espero que este personaje logre escapar por un pelo.

    Saludos

  • Luis

    La historia muy buena y escalofriante,pero me quede con ganas de escuchar otro relato igual,suban mas historias sobre estos temas.

  • Marili

    Dios, se parece tanto a un sueño que tuve…un dia contare en relatos los sueños que he tenido, silent hill se queda corto.

  • german

    grande Facundo¡¡¡¡¡

  • http://emytecuento.wordpress.com emytecuento

    Escalofriante relato, escenas nauseabundas… pero me ha atrapado hasta el final. Podía dejar de leer – PERO NO HE QUERIDO – ;)
    No he querido porque lo he disfrutado mucho. ¿Qué demonios tendré en mi cabeza?, ¿será que Tejiendo me ha atrapado en su tela de araña?
    Abrazos.

    • Peter

      Tu crees que NO HAS QUERIDO dejar de leer, pero en realidad, en T.E.M. hay “un ser que se mete en tu cabeza y busca entre tus deseos y miedos, toma la forma necesaria para seducirte, y que llegues a él. Para divertirse con tu dolor o devorarte desde adentro. Una vez que te elige, no puedes hacer nada, serás el próximo…”
      (Ya lo eres, jejeje, igual que yo…)
      A las pruebas me remito: una vez que entraste en TEM no puedes dejarlo ¿o me equivoco?
      Un abrazo atrapante!

      • http://emytecuento.wordpress.com emytecuento

        ¡Peter, no sé quién eres! ¡¡PERO ME ESTÁS ASUSTANDO!! jejeje

        • http://tejiendoelmundo.wordpress.com Sinuhé

          Mmmm… a ver si es Facundo Cabral de incógnito¡¡ :D

      • http://emytecuento.wordpress.com emytecuento

        No cuela Sinu, ¡lo dices para que siga más atrapada sabiendo que soy su fan!
        Bueno, dicho así parece que solo tenga una… (emoticon pensativo)