Tejiendo relatos. “La cena de navidad de mi familia”, por Paula Vergara.

Relatos de terror

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La cena de navidad de mi familia

Un chivo cuelga de sus patas traseras y se desangra poco a poco, no sabe que va a morir, el simplemente intenta tapar la herida en su garganta con su larga lengua, pero el torrente no se detiene, y un dulce cansancio se apodera de su ser, se ha rendido; ahora, el verdugo se prepara para destazar el cuerpo.

En otra parte del corral, dos gallinas aguardan tranquilas, no tienen mucho que pensar, ya pusieron su huevo diario y descansan junto a la rama a la que están amarradas, entonces, otro verdugo toma por el pescuezo a una de ellas, lo jala y lo retuerce hasta que escucha un crujido, y cuelga al animal moribundo de las patas para que termine de morir, el aleteo dura unos cuantos minutos… la otra gallina acaba de cagarse sobre la tierra apisonada.

El cerdo que tardó un año entero en engordarse ya está listo, hay que buscar la ubicación exacta del corazón, porque si se desvía la navaja por donde no es, no solo se condena al animal a una muerte lenta y dolorosa, si no también muy ruidosa, porque sus chillidos pueden alargarse hasta el último aliento… tienen que dominarlo entre varios y fornidos hombres, es muy fuerte y su mordida puede ser peor que la de un perro, mientras el verdugo clava con extrema rapidez un afilado y largo cuchillo entre sus costillas, el animal se retuerce intentando defenderse, pero es muy tarde, su corazón se ha detenido, en cuestión de minutos estará totalmente desangrado y listo para la hoguera, con la que su piel se ablandará y será mas fácil arrancarle todos los pelos, que no le agradan para nada al abuelo Mancho.

Los machetes están afilados, las mesas de madera limpias y listas para recibir los trozos de carne y hueso que luego serán adobados y esperarán entre ollas y gatos hambrientos.

Calderos gigantes a fuego vivo cuecen sin piedad los trozos de carne que esperamos con ansias, el olor de la carne que ha sido criada en campo es inigualable, pero el contraste de la sangre que se coagula en las ollas en las que se prepararán las morcillas y otros embutidos es realmente repugnante… esas burbujas color rosado fuerte me recuerdan que hace unas horas la sangre fluía tranquila por sus venas vivas, pero aun así, yo tengo hambre!!!!

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Relato cedido a Tejiendo el Mundo por Paula Vergara, derechos reservados pro la autora.

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