Tejiendo relatos. Laguna negra, por Adlien D.D.

Relatos de terror

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Laguna negra

Diario encontrado en la casa bajo investigación. Las entradas a continuación han sido las seleccionadas para el estudio del caso.

Leer con cautela.


Aseguro ante el Dios Todopoderoso que rige este universo que no existe mayor tragedia concebida que la que me ha tocado vivir a mí en esta Tierra mía, que aún a pesar de todas estas adversidades me es imposible dejar de querer; aún más que a sus habitantes. A la hora de buscar responsables no soy capaz de señalar con el dedo a nadie (aunque no niego que me encantaría hacerlo), puesto que estas aberraciones sólo pueden ser en contra de la bondad y atentan contra todo orden y naturaleza lógica y racional. Aún con estas ideas claras, no dejo de preguntarme…

¿Es acaso todo esto un castigo? ¿Quizá, inclusive, de orden divino? ¿Hice algo mal? Preguntas todas a las que soy incapaz de encontrarles una solución concreta o una verdaderamente satisfactoria. Es mi existencia misma la que se deshace en cenizas por culpa de esta maldición, de este cruel tormento que desconozco y tampoco logro explicarme con claridad.

Creo que sólo Él sabe cuántas personas más en este mundo están en este mismísimo momento compartiendo mi desgracia, mi triste destino en estos precisos segundos, mientras respiro y escribo lo más rápidamente posible lo que sé de mis hechos… provocado todo esto, cual tormenta, por culpa del misterioso, inexplicable e impredecible destino; la condenada diosa de la fortuna que ata nuestras almas a grandes alegrías y horribles desgracias en un mismo y gran paquete.

Ya tan sólo quisiera volver a entender y asumir, racionalmente y sin conflictos, el por qué me ha pasado esto a mí. Quisiera poder encontrar nuevamente la raíz de todo esto… pero eso ya no puedo recordarlo.

Todo este auténtico y desatado caos comenzó, para mí, esta mañana al despertarme de un enigmático sueño, que me dejó profundamente perturbada y preocupada en un principio. A pesar de que la mayoría de las veces me olvido inmediatamente de mis sueños, pude llegar a recordar este por completo; lo que a mi parecer lo tornaba más preocupante. Recuerdo que al despertar me parecía más una señal que un sueño.

Con relación a estos, había muchas veces escuchado antes, de boca de los cotilleos con mis antiguas compañeras de curso, de algunas de mis actuales amigas o incluso de las tardes de ocio en la radio, testimonios insólitos o sorprendentes de señales oníricas y usualmente asociadas a lo divino o a lo espiritual; contado todo aquello en un tono tan alucinante, poco coherente y creíble para mí que siempre me generó una ligera aversión, pues siempre me consideré demasiado racionalista para creerme esa clase de cosas sobre las señales y lo paranormal. Sin embargo, no había conseguido experimentar por mí misma un sueño de aquel tipo, lo que por lo menos en mí había podido crear el escepticismo que llevaba a aquellas evidencias y testimonios… hasta ahora. ¡Oh, Dios Mío! Si entonces hubiera sabido… ¿Habría cambiado algo?

Dentro de mi curioso letargo había tenido la visión de que recorría vastos y largos valles… todos llenos de un maravilloso esplendor, verdes y tranquilas praderas… y hermosos campos llenos de flores y otras maravillas bajo un hermoso sol de verano que irradiaba calma y amor. No podía evitar sentirme libre y feliz en aquel pequeño paraíso lleno de tantas cosas tan simples y tan bellas a la vez. Pero repentinamente vino un cambio en el ambiente. Sorpresivamente me topé en mi camino de felicidad con una enorme y oscura caverna a la que, luego de unos segundos de peculiar duda, finalmente decidí adentrarme… pues basta mencionar sobre mis razones que por algún extraño motivo imposible de describir me sentí súbitamente incapaz de volver mis pasos hacia atrás.

Esta caverna contenía algo inexplicable… que la hacía profundamente llamativa e irresistible. Sentía fluir en mi mente múltiples promesas de goce y felicidad a cambio de mi actual estilo de vida silvestre y relajado. Tentada estaba de partir hacia aquel mundo nuevo que tanto prometía; así que acepté el pacto. Decidí dejar mi vieja vida atrás. Antes de partir, sin embargo, contemplé por última vez toda la belleza que todavía me rodeaba… y que seguiría estando ahí por siempre, y me adentré finalmente en la oscuridad; completando así el intercambio en busca del cumplimiento de aquellas mejores promesas. Pero no pasó mucho tiempo para que me terminara perdiendo en una oscuridad infinita por un espacio de tiempo imposible de calcular por métodos humanos, sin hallar aquello que esperaba encontrar cuando decidí entrar al tétrico antro, donde parecía que cada segundo se me hacía eterno.

El frío que había en el interior me doblegaba, y a medida que avanzaba, con cada paso me sentía más sola y asustada, sumada además la constante y creciente nostalgia por lo perdido. Pero no podía ya regresar. Mi avaricia me había traído y ahora debía pagar mi ingenuidad.

A medida que avanzaba podía percibir cosas a mi alrededor alimentando mis miedos, mientras se ahogaban ellas mismas en la extrema negrura. Sentía cómo aquellas presencias se congregaban lentamente en las sombras y se acercaban reptando hacia a mí. Eran criaturas o entes desconocidos que comenzaron a tocarme con sus asquerosas y pegajosas extremidades mientras avanzaba enceguecida; tornando más pesado mi cuerpo —y dificultando así mi progreso— con aquel desagradable y viscoso toque.

Después de un tiempo indefinido en el que creí que sería absorbida por las monstruosidades en las sombras, se fueron, y no tuve que preguntarme el por qué demasiado tiempo.

La esperanza creció profundamente en mi corazón de nuevo al lograr encontrar la salida de la caverna, que tenía una luz casi enceguecedora que había repelido toda clase de sombras. Luego de unos segundos de espera para que mis ojos se acostumbraran nuevamente a la luz fui capaz de ver el otro lado —La salida—, y detrás yacía aquella hermosa vida de libertad y tranquilidad, que decidí egoístamente abandonar, esperando mi añorado regreso. Sólo se interponía entre mí y la felicidad una oscura laguna… que no suavizaba sus colores ni siquiera con la brillante luz del sol del exterior sobre su extremadamente tranquila superficie.

Y aún así me arriesgué a nadar y cruzar el río para intentar recuperar lo que había perdido. Sin embargo sólo logré avanzar un poco. Repentinamente advertí que mi cuerpo, inevitablemente y para mi absoluto horror, se comenzaba a hundir más y más profundamente en el negro abismo. La sensación tan brutalmente real de ahogo y desesperación que me engullían provocaron que me despertara bruscamente… y al hacerlo en mi cabeza se produjo un enorme dolor que me hizo llevarme ambas manos a ella, en silencio mientras el dolor se esfumaba, semejante a como si en mi mente se hubiera producido una resonancia, un eco infinito; la misma escena repetida miles de veces en el pasado… y repitiéndose en mi presente y mi futuro.

Ya despierta me dirigí hacia la ventana para mirar mi jardín —como hacía todas las mañanas, también esta vez para pasar el mal momento de aquel sueño— y entonces, para mi asombro y desconcierto total, pude ver que habían puesto gruesos barrotes en mi ventana… tras los cuales noté un hermoso día de verano en mi jardín. El agradable viento en forma de pequeña brisa descendió en susurro a mi habitación, acariciando mi cuerpo en aquella cálida mañana.

“Extraño”, pensaba tranquilamente mientras contemplaba el hermoso cielo azul por la ventana de mi habitación, mi pequeña ventana al mundo, “Ayer era un día de invierno”. Entonces, ya intrigada, miré mi jardín más detalladamente y noté las primeras señales de algo irregular y misterioso. El jardín había cambiado casi por completo. Los pequeños árboles que había plantado —y a los que había hecho crecer los primeros centímetros con el cuidado de mis propias manos— ahora habían crecido enormemente y se mostraban hermosos y frondosos bajo el majestuoso y ajeno cielo azul que contemplaba. Otra suave brisa pasó por mi rostro y de pronto sentí profunda curiosidad sobre aquel extraño suceso que había acaecido en mi vida, pues sabía que era física y biológicamente imposible un crecimiento tan rápido… como también un supuesto traslado tan repentino de plantas sin haberlo yo notado de una noche a otra…

Me gustaban, me gustan, las novelas de ciencia ficción y lo relacionado a ello. Han sido la pasión de mis tediosos momentos de prolongado ocio; por esta razón me parecía cosa imposible que estas ideas se aplicaran en la realidad. Y aún así aquellos elementos parecían insinuar que había experimentado una idea tan bizarra como irreal, que se había asomado inmediatamente en mi cabeza: un viaje en el tiempo hacia el futuro. El creer algo así como posible era absurdo, pero me absorbía por completo de curiosidad y de un irrefrenable deseo de creerlo. Revisé con detectivesco detalle mi habitación, pero encontré casi todo igual a como estaba en el pasado; y aunque habían ciertos objetos que parecían cambiados de sitio o que simplemente antes no se encontraban, no encontré elementos que pudieran demostrarlo definitivamente o sacarme de una vez por todas de mi error. Decidí entonces tratar de aventurarme hacia el piso de abajo, en busca de respuestas más satisfactorias a mis fundadas sospechas, ya que dormía en un piso superior.

Lo primero que noté al salir de mi habitación fue el grueso pestillo en la esquina superior izquierda de la puerta, por afuera de mi cuarto. Significaba aquello, para mi sorpresa, que cualquiera podía darse el lujo de encerrarme y tenerme atrapada. Inmediatamente traté de asociar aquello a mi extraño día y mi posible viaje temporal. Pensaba en todas aquellas maneras de atravesar los portales del espacio-tiempo de los viajeros; pero el que venía a mi mente con mas saña era el que yo entendía como un “traspaso completo en el tiempo”, desapareciendo el viajero de su época original y apareciendo años más tarde en aquel mismo sitio… y todo ello sin explicación aparente o racional. Luego pensé en el lógico temor que podría haberse tenido a entrar a aquella habitación por quienes fueran ahora los dueños, pero inmediatamente recordé que mis cosas seguían allí, casi intactas. Antes de investigar más a fondo aquel atemorizante hecho y mis extrañas reflexiones decidí, y con los movimientos más silenciosos posibles, ir al primer piso de mi casa e inspeccionar más a fondo lo sucedido; el descuido de mis captores era una gran oportunidad y quizá podría entender todo lo que sucedía antes de que tuviera de terminar de manera fatal.

Ya solo afuera del cuarto se notaban los cambios; estaban expuestos en el suelo, en las puertas, en cada muralla. Cuadros de toda índole y fotografías en blanco y negro colgaban de las paredes de aquella casa que apenas se parecía a la mía propia. Bajé con sigilo las escaleras y encontré más sorpresas, entre ellas la aparición de un televisor en la sala de estar. Me costó mucho darme cuenta de aquel  simple hecho. Era completamente diferente a los que conocía (y recién estaban entrando al mercado en mi época), pero no me atreví a encenderlo en vista de los ruidos delatores que podría ocasionar.

Al adentrarme en la cocina, que se veía en gran desgaste comparada con todas las otras habitaciones, fui hacia el pequeño cajón de los utensilios y tomé posesión de un cuchillo que guardé cuidadosamente entre mis ropas, con el cual tenía la intención de defenderme en caso de lo peor. Luego, revisando con cuidado las otras habitaciones quedé sumamente impresionada de poder ver y experimentar cosas nunca vistas antes por mí. Había aparatos pequeños que almacenaban música, maquillajes exclusivos, y las formas y colores futuristas eran todos absolutamente absorbentes y atractivos. En un momento incluso me atreví a mirar por una de las ventanas que daba a la vieja calle… y entonces los vi: Hermosos automóviles que se asemejaban a píldoras de lo aerodinámicos que parecían, con colores nunca antes pensados en mi tiempo, avanzaban a toda velocidad por las calles de la ciudad del futuro.

Altamente impresionada y entusiasmada con lo visto y experimentado empecé a imaginarme cómo sería vivir en aquella época… pero fue entonces cuando sentí un ligero dolor en la cabeza. Recordé repentinamente a la gente que estaba dejando atrás, recordé a mis padres… e incluso a mi prometido, con el que me casaría pronto. Me di cuenta de que no importaba cómo fuera el futuro, debía regresar a mi época, debía volver a por ellos.

Recordé que mi amado, precisamente, había pasado la noche en mi casa el día anterior a todo esto… eso sí, en piezas separadas por orden de mis padres que el accedió sin reproches. Las dudas surgieron en mi interior… ¿Sería posible que hubiera viajado conmigo? No quise hacer esperar la respuesta y, con el mayor silencio posible, fui acercándome a la habitación en la cual él debía de haber pasado la noche.

Ahí estaba, con el rostro hacia la pared y durmiendo todavía. Habíamos tenido una noche tensa con mis padres por los asuntos de la boda y le había permitido quedarse en casa con nosotros durante la noche. Al aproximarme a él no pude evitar actuar un poco impaciente por lo vivido y le sacudí, contándole lo que había visto. Aún así, se veía bastante renuente a despertar. Una vez que sentí que despertaba le hablé otra vez sobre lo visto de una manera que considero fue demasiado apresurada, haciéndole caer como una lluvia todas las ideas y cosas que habían pasado.

—Déjeme dormir por favor, señora—fue lo que me dijo, para mi completa y auténtica sorpresa, pues parecía encontrarse aún bajo aquel delirio del sueño, en el que hablamos tonterías en un estado de casi total inconsciencia.

—Cariño, ¿de qué estás hablando?… Soy yo, ¿Es que acaso estás ciego? —dije bromeándole, sonriéndome ante la situación—. Ven conmigo, quiero mostrarte lo que he visto.

Pero al voltearse, abrir los ojos y despertar por completo al momento en que decidí tomar su brazo se apartó de mí, y tomando distancia, inmediatamente profirió en gritos de auxilio. Me di cuenta entonces de que ese hombre no era mi novio… sino alguien o algo más que probablemente había tomado su forma para engañarme.

Retrocedí aterrorizada… pero ya era demasiado tarde. Personas llegaron rápidamente y me retuvieron lo más fuerte que pudieron… ¡Me habían capturado! Hice uso de todas mis fuerzas… pero era inútil intentar resistirme. Me llevaron a la fuerza de vuelta en mi habitación y cerraron la puerta. Había vuelto a ser su prisionera al escuchar el sonido del pestillo correrse, atrapándome ahora en la habitación, y dejándome con miles de preguntas aún sin responder. ¿Quién o qué eran exactamente aquellas personas en realidad? Lo desconocía por completo, pues en base a todo lo experimentado ya en nada ni nadie podía llegar a confiar.

Pasaron unas cuantas horas en las que me recosté en mi cama a meditar al respecto, un poco más tranquila; cuando se escuchó nuevamente el ruido de pasos y del pestillo al correrse. Aquellos humanos —al menos en apariencia— reaparecieron todos juntos en la habitación-prisión. Dijeron que querían hablar.

Tristeza se veía en sus rostros, y algunos tenían la cabeza ligeramente inclinada hacia abajo, como si no tuvieran el valor de mirarme a la cara. Lo que dijeran podía ser interesante, así que presté cuidadosa atención a las palabras de quien parecía ser el encargado de hablarme, un hombre adulto, un poco mayor que yo:

—Pido disculpas por como la tratamos hace un rato. Me temo que nos tomó por sorpresa —dijo el adulto, en tono afligido—, pero necesita saber la verdad sobre lo que está sucediendo… responderemos a sus dudas… pues ya las sabemos.

—Entonces díganme que está pasando aquí… ¿Por qué estoy encerrada?, ¿Por qué ha cambiado todo a mi alrededor?, ¿Donde están mis seres queridos?. Ya que responderá mis preguntas, no sólo quiero saberlo… ¡Sino que exijo saberlo!—exclamé, intentando mantener mis modales pero aún así estando claramente alterada por todo lo pasado.

—Si me permite hablar sin interrupciones, le explicaremos todo. No nos recuerda, pero nosotros somos parientes suyos. La “encerramos” porque estamos esperando una confirmación para internarla. Usted tiene alzheimer avanzado y por ello no nos recuerda. Nosotros… somos sus hijos.

Silencio… era la respuesta absoluta en medio del caos en el que ahora todo se había convertido. No podía creerlo… no debía creerlo… ¡Debía ser mentira! Quedé completamente impactada por semejante posibilidad… y entonces instintivamente miré mis manos, aún incrédula. Y para mi horror éstas estaban terriblemente arrugadas y viejas. Me sentí entonces en un cuerpo ajeno al mío ¿Quién era yo realmente? Corrí entonces en búsqueda desesperada de un espejo en el cual poder confirmar aquellas palabras. Y al mirarme en el reflejo, oh Dios mío, apiádate por favor de esta alma atormentada… ¡Me vi a convertida en una decrépita anciana!

En ese instante, cualquier vestigio de cordura que hubiera conservado en ese momento, y que me permitiera recordar mis actos, se esfumó como una brisa en el aire. Pues caí bajo el hechizo de un frenesí inexplicable provocado por lo imposible… por lo horrendo e inexplicable. Por lo inaceptable…

Cuando recuperé la conciencia estaba de vuelta en mi cama tal como había despertado en la mañana. Creyendo que lo pasado había sido sólo una pesadilla, intenté levantarme, para darme cuenta del enorme cansancio que esto acarreaba. Entonces me di cuenta que nada había sido producto de mi mente y que realmente era una miserable anciana con amnesia…

A pesar de todo el esfuerzo que significaba, decidí por el bien de mi cordura intentar asumir por el momento aquel cruel hecho que una vez más quería arrojarme por la horrible y sanguinaria boca de la locura, al empezar a sentir ya el deseo del señor del Caos en mi interior. Llamé a gritos a quien fuera que pudiera acudir a mi. Necesitaba saber un par más de cosas…

Cuando apareció uno de ellos, el cual era para mi desgracia aquel mismo hombre que me había revelado aquel horror, no pude evitar romper en llanto; siendo consolada por este hombre que decía ser uno de mis hijos. Toda mi juventud, todos mis sueños, todo lo que quería ser y vivir… todo perdido para siempre.

Por un simple error había quedado la puerta abierta la noche anterior. El chico con el que había tenido el encuentro era mi nieto y me había casado con mi novio, el cual había muerto de cáncer hace un par de años atrás. A esas alturas yo ya tenía la enfermedad y apenas podía recordarlo.

Lloré y seguí llorando. El dolor era mucho. El adulto por su parte me consolaba… dijo que todo estaría bien mientras él estuviera cerca. Esto, por supuesto, ni siquiera podía confortarme una décima parte de todo el dolor que sentía y no podía sentir ninguna cercanía ni estima hacia aquella persona, aún cuando pudiera haber sido verdaderamente un hijo mío. Después de un rato, en el que quiso dejar que me recuperara de la pena, vino otra vez con comida para mí y aprovechó de hacerme entrega de un diario. Al abrirlo pude descubrir para mi espanto que estaba escrito por mi propia letra. Este gesto, además de destruir toda esperanza de una pesadilla, o de alguna otra irrealidad, me demostró la absoluta y triste realidad de mi situación. Me dijeron que hace unos días había perdido este diario que leía cada vez que despertaba, y que esto hacía mi vida algo más llevadera. Desgraciadamente, esta desaparición habría provocado los sucesos que acaecieron. La idea, curiosamente, la habían sacado de una película de humor que habían visto hace unos años atrás. Ya me olvidé del nombre.

Y así terminaron las cosas para mí: Condenada en este cuerpo de anciana para siempre, e incapaz de recordar aquel pasado que tantas páginas en este diario parecen rememorar parcialmente o a veces buscar al igual que yo. Cuando miro mis manos… cuando me miro al espejo, no me reconozco a mí misma. Es como estar en un cuerpo ajeno en otro tiempo. Pero ya nada puedo hacer, salvo escribir hasta que incluso esto haya olvidado o hasta que la muerte quiera llevarme lejos de todo este dolor y lamento. Les he pedido a estas amables personas que parecen preocuparse de corazón por mí y mi salud que mantengan cerrada la puerta otra vez para evitar que les pueda hacer daño a ellos o a mí misma. Tristemente aceptaron a mi petición, y no creo volver a verlos otra vez. Yo por mi parte trataré, con el uso de este diario, de vivir…

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¿Creer o no creer? Es como si otra persona hubiera escrito aquellas palabras anteriores. ¿Es que realmente soy esta… cosa? ¿Qué pasó conmigo? Solía ser una simple joven… ¿Cómo puede ella simplemente aceptarlo? Es mi letra, lo reconozco. Pero toda esta situación me es inaceptable. Asumirlo me desola, me destroza.

El sueño lo compartimos… ¿Es eso? No comprendo. No comprendo nada. Espero que la otra mujer —mi otro yo— que lee estas líneas lo comprenda. Porque para mí esto es la muerte. Todo esto es la muerte misma; llevándose un trozo de mi alma cada vez que el olvido me ataca. ¡Alma! ¿Realmente tengo una? Quisiera creerlo. Pero todavía no comprendo nada…

Es hora de dejar de escribir. Es hora de morir…

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¡No! Esto no puede ser morir… ¡No puede ser posible! He visto esta vejez y esta decrepitud. He sentido la agonía, pero esto no puede ser morir. Esto es peor que eso, peor que la muerte. Lo que escribo está dejando de tener sentido… ¿La vejez me está afectando? ¿Hace cuanto tiempo habré escrito la entrada anterior? ¿Realmente hay más gente en esta casa? ¿Me han abandonado, quizás?

Veo comida en una bandeja. Probablemente vienen de vez en cuando y se apenan de mi progreso. Internarme, ¿No? Eso decía yo unas cuantas entradas atrás. No comprendo…

¿Qué pasa conmigo? Yo no soy así. No puedo deducir ya ni las cosas más fáciles. Es como si mi cerebro se estuviera derritiendo. Dolor. No aguanto más…

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Miedo. Encontré un cuchillo de cocina escondido en mis viejas ropas. Seguramente no lo notaron o no lo han echado de menos. Miedo. Debe haber una forma de regresar al pasado y abandonar este asqueroso cuerpo de anciana. Miedo. Puedo sentirlo, incluso ahora, como la muerte asoma sus horrendos ojos a través de la ventana. ¡No me llevarás contigo, inmunda! Me abriré paso fuera de este lugar… ¡¡Aunque deba derramar sangre para ello!!

Miedo.

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Vida Dolor Muertos Sangre partes Olvido temporal razón cordura perdida comida gente casa

nO morIr

No mOrIr

no MoriR

no morir no morir no morir no morir no morir no morir no morir no morir no morir no morir no morir no morir no morir no morir no morir no morir no morir…………

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aaurghj saou mauoch poeininsoaidmai jorrt gaoud polizz leeathh mieeie aaaouths aouf hierrr aahiuuuuhdennnmeee puorr fooavvorr niuooooohhhh

eisshtya iez leeaaa lagghuuneaa neiivgrrraa!!

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Apenas percibible por la mayoría de los lectores, en esta última entrada escribe para pedir un desesperado auxilio ante su condición en constante degradación. Cabe mencionar que se presume escrito en dos idiomas distintos; aún cuando no hay registros de que la autora supiera escribir en inglés, y pese a que el escrito esté claramente distorsionado. Se necesita más investigación para confirmar esta hipótesis.

Esta entrada es la última que puede entenderse. Producto del quiebre mental, todas las demás entradas que le suceden, cinco en total, tienen las páginas arañadas o rotas, caracteres ininteligibles esparcidos sin coherencia y rayas sin sentido a lo largo de las páginas. Éstas están presentes no sólo en el diario sino también en toda la habitación y las contiguas donde ocurrieron los asesinatos.

La autora aún no ha podido ser encontrada, pese a los esfuerzos.

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Relato cedido a T.E.M por Adlien D. D.

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ARCHIVO DE RELATOS DE T.E.M

Tejiendo relatos. Laguna negra, por Adlien D.D.
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