Tejiendo relatos. Lobo en un bar, por David Rodríguez.

Relatos de terror

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Lobo en un bar

En el bar local, mientras sonaba aquel tema de Eric Clapton “Love In Vain”, se encontraba ese personaje apesadumbrado que miraba el tarro de su cerveza casi terminado, observe detalladamente que su mirada reflejaba un tinte de concentración, no por el tarro, ni por el ambiente del bar local, más bien en su mirada algo le perturbaba, parecía como fijo en un punto de su vida, como atrapado en sus recuerdos que no parecían ser gratos, su mirada mostraba dolor, pensé por un momento que era por la muerte de algún ser querido.

Al ver esa escena tan inquietante, decidí pedir al cantinero un tarro de cerveza negra, como para pasar el momento; después de un rato note algo extraño en aquel hombre sentado a 3 sillas de distancia, su rostro se mostraba demacrado, afligido, barbado, ojeroso, no por ser un indigente o alguien sin fortuna, parecía más bien doblegado por algo muy distinto, como si le faltara algo, como si nunca hubiera tenido algo esencial en la vida,  y era notable la presencia de ese “algo”.

Sin más reparos me  acerque y le invite un tarro de la mejor cerveza del local, me senté al lado y le pregunte…

–          “¿Problemas amigo?”.

Me dice el con voz gacha y algo ronca…

–          “siempre he tenido uno que me ha perseguido desde que nací”.

Al escuchar tal frase comprendí muchas cosas a la primera vista… que aquel hombre ya tenía unos 60 y tantos encima, pero que por su aspecto parecía de mayor edad, su apabullamiento le había quitado las ganas de vivir, pero parecía estar aferrado a la vida por alguna razón, pero eso no lo sabía yo tan a fondo, hace 2 minutos que le pregunte y lo estoy observando como un nuevo espécimen.

–          “¡no puede ser!… ¡vamos que pasa con ese ánimo!, todo tiene solución en la vida”, le dije.

Al escuchar eso, aquel hombre me miro con unos ojos que ni en las mejores películas de ultratumba se verían, su mirada ahora ya no era concisa, ni fija, ahora era vacía y a la vez mortuoria, como queriendo advertir, pero a la vez matar.

–          “lo mío no tiene solución (dijo)… te diré la verdad, desde que tengo uso de razón siempre carecí de algo, siempre me falto una parte del ser humano que es todo para poder vivir… por alguna maldita razón, por algún azar del destino y una jugarreta de la suerte, desde que tenía 15 años, sabia ya que mis dotes de inteligencia fueron canjeadas diabólicamente por el amor… nunca he podido amar a una mujer como un hombre normal y nunca lo haré, y lo peor nunca supe el porqué de mi maldito destino”

Al escuchar tal confesión me pregunte, ¿cómo alguien puede decir tal barbaridad?, ¿cómo no poder amar a alguien?, ¡es absurdo!, tenía que ser un perdedor frustrado para decir tales cosas.

–          “¡no puede ser!, a tu edad tuviste que pasar por lo mínimo por 40 mujeres, novias, amigas, tu esposa, hasta tus amantes, perdón mi franqueza pero es lógico” dije en tono irónico.

–          “nunca lo comprenderás… porque no lo has necesitado mocoso veinteañero, pero ya llegara el día que sentirás lo que yo siento” (dijo él en tono burlón)…“Lo que yo tengo es una maldición, un mal que me ata al mundo, solo porque mis logros me han hecho mantenerme en la tierra, mensualmente gano millones de dólares en proyectos, tengo 2 títulos, 4 maestrías, 2 PhD y 1 MBI… y lo peor de todo es que no tengo con quien compartirlo” (a grito herido).

En ese momento el bar silencio, se quedó inmutado ante tal escena, y después de un macabro silencio todos volvieron a lo suyo.

–          “Yo nunca seré capaz de amar, porque hasta los dioses están en contra de mi felicidad, cuando tengo una mujer cerca, siempre mueren, o se alejan, o terminan en un manicomio, o simplemente dicen que soy un perdedor a pesar de mis éxitos; no nací con el don de conquistar y el de mantener feliz a una mujer por más que lo desee, soy el peor experimento de la naturaleza, simplemente en cualquier momento quedo solo, y las pocas que me buscan son prostitutas y solapadas que buscan mi fortuna, y que siempre he tratado como la peor escoria por no saber lo que pierden al no amar a una persona y si al dinero”.

En ese momento, ya estaba a punto de terminar mi cerveza, y mientras escuchaba ese descargo de alma tan soberano, observe en su gabán una cadena un tanto familiar, de oro puro, y en forma de estrella; más le hacía caso al detalle de su cuello que lo que decía. De la nada reaccione y toque mi pecho y saque mi cadena, era exactamente igual…

–          “¿¿¿de dónde sacaste esa cadena???” pregunte al hombre.

En ese instante de pregunta el cayó su descargo, me miró fijamente y dice…

–          “me la regalo mama el día de mi quinto cumpleaños”

¿Casualidad?, no lo creo, ese tipo que estaba sentado hay era una versión muy adulta de mi persona, afligido, destruido, andrajoso y solitario, era el mejor prospecto de la obra de H.

Hesse, el prototipo perfecto de lobo estepario. Horrorizado me levante de la silla, puse 50 dólares en la barra cubriendo mi consumo, y justo en ese momento oí la frase que arruinaría mi vida para siempre…

–          “solo vine a decirte… serás el ser más infeliz de este planeta y nunca podrás evitarlo”

De la nada aquella versión adulta mía, saco una hermosa Colt Phyton .357 de su gabán, apuntó a su cabeza y se disparó muriendo en el acto. Al ver tal escena me tendí en el suelo y quise corroborar que él era yo, efectivamente era cierto, sus documentos me pertenecían, tenía hasta una foto con que me había tomado hace una semana para un empleo en una multinacional.

En ese instante comprendí en un trance de horror que mi vida sería un asco, una real monotonía sin valor, lo que me quedaba era vivir esa maldita maldición de ser como un lobo estepario sin anhelos de la vida, anodino de las cosas simples y complejas, todo sería un completo caos; cuando finalmente lo asimilé salí del trance y tome la colt phyton y me dispare justo en el mismo punto de la sien donde me dispare 40 años más adelante.

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Relato cedido a T.E.M por David Rodríguez Guevara

Fotografía de luduen

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Tejiendo relatos. Lobo en un bar, por David Rodríguez.

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